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Sellos y Catálogo (DETALLE LIBRO)


Así viví 1900
Autor: de Pange, Pauline
Editorial: Errata Naturae Editores
Colección: El Pasaje de los Panoramas
ISBN: 9791387597269
Fecha Publicación: 2026-04-13
Precio (S/IVA): 19.71
Precio (C/IVA): 20.50
Formato: Tapa blanda o Bolsillo->
Paginas: 208
Medidas: 215 X 140 mm
IBIC: FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
Sinopsis:
Bisnieta de madame de Staël y sobrina de la condesa de Ségur, Pauline de Pange —de soltera, De Broglie— nació el día en que empezaron a construir la Torre Eiffel y conoció un mundo más cercano al siglo XVII que al nuestro. Una época y un entorno rebosantes de felicidad y privilegios: inviernos en París en grandes mansiones; juegos, carruajes tirados por caballos, veladas suntuosas; veranos interminables en Dieppe, las casas de campo, los pícnics, los bailes…

En efecto, en este libro de memorias De Pange retrata la sociedad aristocrática de la Belle Époque con gran humor y sutileza, y resulta sencillamente cautivador. En él nos revela, además, su propia trayectoria como mujer de un tiempo en el que, por lo general, pocas mujeres aprendían a escribir. Podría decirse incluso que su relato es una piedra angular de la historia y un complemento indispensable para la lectura de Proust, un testimonio insustituible de una intimidad aristocrática que él, genial advenedizo, sólo podía intuir.

De Pange también fue testigo del nacimiento del automóvil, así como de la sorpresa, la fascinación o el rechazo que generó entre sus contemporáneos. De igual modo, presenció los inicios del cine y del teléfono, y cómo estas nuevas tecnologías llegaron a la vida cotidiana de la alta sociedad, revolucionando tantas costumbres. Compartiendo sus entrañables recuerdos, describe el servicio doméstico, la comida y los rituales en torno a la mesa, la vestimenta, los códigos sociales, la educación, los baños de mar, la escolarización, el caso Dreyfus… Gracias a su escritura precisa y placentera, a su inteligencia, sensibilidad y prosa exquisita, ese mundo, ahora desaparecido, cobra vida ante nuestros ojos. Con una mirada tierna, irónica y a la vez cómplice, la niña de aquella época nos tiende la mano y exclama: «Sí, ese mundo existió, ese mundo de ayer sigue siendo nuestro, ¡y qué alegría sumergirnos en él!». Era 1900. s